
La fibromialgia parte con desventaja en cualquier expediente de incapacidad permanente y conviene entender por qué antes de intentar defenderla.
El primer obstáculo es diagnóstico. La fibromialgia carece de marcadores biológicos y de hallazgos de imagen: su diagnóstico es estrictamente clínico, basado en criterios de dolor generalizado y síntomas asociados como fatiga, sueño no reparador y alteración cognitiva. Exige además la documentación previa por reumatología o traumatología, pero no todos los facultativos son igual de proclives a emitirlo. Muchos lo evitan, lo aplazan o lo formulan con reservas, de modo que el paciente llega al tribunal médico con un diagnóstico tardío, impreciso o sencillamente ausente del informe que más pesa.
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