
Durante mucho tiempo, el insomnio se ha considerado un problema secundario, una consecuencia del estrés, la ansiedad o las preocupaciones cotidianas. Sin embargo, la investigación científica actual ofrece una perspectiva diferente: el trastorno de insomnio constituye una entidad clínica propia, con repercusiones importantes sobre la salud mental, el funcionamiento cognitivo y la salud física. Una revisión publicada en abril de 2026 en Nature Reviews Disease Primers, una de las revistas científicas de referencia, sitúa su prevalencia en aproximadamente el 10–16 % de la población adulta. Esto significa que afecta a una proporción considerable de la población y que no debe confundirse con una mala noche ocasional.
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