
El estrés forma parte de la vida y, en determinadas circunstancias, resulta adaptativo. El problema aparece cuando deja de ser una respuesta puntual y se convierte en un estado persistente. En ese momento, el cerebro puede pasar de utilizar el estrés como mecanismo de adaptación a sufrir sus consecuencias.
La neurocientífica Mara Dierssen, presidenta del Consejo Español del Cerebro, ha señalado recientemente que el estrés crónico puede alterar la conectividad neuronal e incluso provocar la muerte de neuronas. Además, su equipo trabaja en la identificación de biomarcadores sanguíneos capaces de detectar los efectos del estrés antes de que aparezcan trastornos como la ansiedad o la depresión.
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